Padre nuestro
Casi al inicio de la historia de la humanidad, una vez asignados los roles que ¿debían? cumplir los varones y las mujeres en la familia, ellas se encargaron y se han encargado de los cuidados de los hijos como algo natural; tan natural les ha sido como el que los varones no contribuyan en algo en lo que también tienen responsabilidad. Como padres, la obligación hacia sus hijos se constriño a la manutención económica, pero no solo se trata de biberones, de la leche en polvo, de los pañales desechables que hay que pagar, se trata de asumir que si las mujeres amamantan, los varones no pierden las responsabilidades en torno a las actividades que provoca la decisión de tener hijos, y más allá de los asuntos de los infantes, también es responsable que cada uno cumpla con las obligaciones para consigo.
Lamentablemente las estructuras se destruyen por el tiempo y no por el reconocimiento de lo que es necesario cambiar. La co-responsabilidad la practican una minoría que pierde fuerza cuando se percibe la responsabilidad no como lo que es sino como una ayuda que el padre le proporciona a la madre: “es de mujeres el cuidado de los hijos, yo le ayudo”, consigna con la que se nos educa y se educa a las mujeres, hijas, hermanas, madres. Una historia que no ha cambiado.
¿Para qué se construyó el patriarcalismo y el machismo?
A través de los diferentes medios de comunicación se incrustaron pautas culturales, costumbres, tradiciones, discursos con los cuales los varones evadieron y siguen evadiendo la responsabilidad del cuidado de los hijos: el machismo les indica que no tienen por qué lavar pañales, no tienen por qué ir por sus hijos a la escuela; pretextos para no hacer lo que les corresponde.
Que las mujeres puedan optar por otras alternativas de realización depende de que los padres asuman las consecuencias de sus decisiones, y el compromiso que tienen para consigo, independientemente de si las mujeres se niegan al cambio.
Pero, ¿en qué estriba la responsabilidad del ser padre?
El panorama que está ante nuestros ojos no parece tan alentador para muchos jóvenes que se convierten en padres por un descuido al no usar condón. Algunos padres en un arrebato asumen su paternidad aunque no siempre con el reconocimiento de las consecuencias que cada decisión provoca, hay jóvenes “padres” que asumen su filiación con el infante, otros simplemente evaden su responsabilidad dejando los cuidados, la educación y la formación de su primer hijo o hija o de los que decidan tener en manos de las futuras madres que abandonan la secundaria. Por eso, habiendo varones que evaden su paternidad se promovió en Costa Rica, por ejemplo,
La paternidad responsable se ha entendido como la limitación o no de la natalidad (planeación familiar), al reconocimiento de filiación, a la manutención de su descendencia hasta los 18 años. La figura del padre nuestro que se construyó desde hace cientos de años, ¿cambiará? Estos tiempos demandan la transmisión de valores que permitan a las sociedades resolver sus conflictos internos-externos, familiares, entre géneros para vivir sin violencia. Si pudiéramos comprender la paternidad de maneras diferentes, responsables: 1) Como aquella que respeta las decisiones de sus hijas e hijos porque que está seguro, el padre, que podrán tomar decisiones al tener en sus manos el conocimiento, los conocimientos, de manera libre, sin censura; 2) la transmisión de valores que eviten la violencia en contra de las mujeres, que las liberen de las prisiones que se construyeron a su alrededor; 3) también podría entenderse como aquella que reconoce las capacidades, los talentos, la fuerza de sus hijas; 4) como la que enseña que la masturbación no es un pecado, que reconoce y respeta la diversidad.
Después de estas líneas las preguntas son, ¿alguna vez las mujeres nos daremos la oportunidad de cambiar nuestra forma de pensar y de actuar?, ¿alguna vez nos atreveremos a ser libres?
Norma Páez
npaezgalicia@yahoo.com.mx
29 de mayo del 2012

